un libro siempre lleva a otro libro

La glosa de la semana

Stoner

John Williams · Baile del Sol

En 1965 Stoner vendió unos dos mil ejemplares, y la única revista que se ocupó de él fue The New Yorker, en una nota breve. Cuarenta años después lo reeditó NYRB Classics y tampoco pasó gran cosa. Lo sacó del olvido una novelista francesa, Anna Gavalda, que lo leyó en inglés porque no había traducción, le pidió a su editor que comprara los derechos y lo tradujo ella misma. Detrás fueron llegando los demás editores europeos; en Holanda llegó a ser la novela más vendida. Un libro muy de Misuri, rescatado dando un rodeo por París.

La premisa cabe en una línea: un hijo de campesinos va a la universidad a estudiar agronomía, oye leer un soneto de Shakespeare en clase y ya no sale de las aulas en toda su vida. Williams lo cuenta sin subir nunca la voz, con una paciencia que a ratos exaspera y que al final se agradece.

La glosa anterior era una familia de Turín; esta, un hombre solo. A su lado ponemos El amo del corral, de Tristan Egolf, que se le parece en lo que menos se ve. Egolf tenía veintitantos años y el manuscrito rechazado por más de cincuenta editoriales cuando se fue a París a tocar la guitarra en los bares y en el Pont des Arts. Allí conoció a la hija de Patrick Modiano, y Modiano lo llevó a Gallimard, que lo publicó primero en francés, en 1998. Su protagonista, John Kaltenbrunner, es un muchacho de un pueblo del interior con una mala suerte de proporciones bíblicas, que acaba aliándose con los basureros, lo más bajo del lugar, y les monta una huelga. Williams baja la voz donde Egolf la levanta, y aun así se reconocen: dos novelas del interior de Estados Unidos que su país no quiso a la primera y que Francia leyó antes.

Stoner acaba de salir en tapa dura en Baile del Sol, traducido por Carlos Gardini; El amo del corral, en Seix Barral. Mejor dejar unos días entre uno y otro: el segundo hace mucho ruido.

Consíguelo en tu libreríavía Todostuslibros — librerías independientes

Un libro siempre lleva a otro libro.

Preguntarle a la casa cuál — eso es de los lectores del club. Glosa abrió por invitación: cincuenta lectores, temporada uno.

Solicitar plaza